Juan Martitegui

¿Cómo logro que mis clientes me recomienden y me dejen reseñas?

Recorrido del cliente con el pico emocional marcado como momento de pedir la reseña

Tus clientes te recomiendan cuando la atención es genuina durante todo el recorrido y pedís la reseña en el pico emocional, no con el “llename la encuesta” cansado de la salida. El regalo, el detalle, la sorpresa: nada de eso funciona solo. Funciona el momento y el pedido. Este artículo empieza donde termina tu embudo de ventas: después de la venta, cuando el cliente ya está adentro y vos decidís si se va a acordar de vos.

En resumen

  • La recomendación no se compra con un regalo: se gana con atención genuina y un pedido explícito en el momento justo.
  • El mejor momento para pedir una reseña es el pico emocional, no la salida.
  • No hace falta gastar: el gesto que me marcó costó centavos.
  • Tu equipo necesita dos cosas tuyas para hacerlo: permiso y reconocimiento.

¿Cómo logro que mis clientes me recomienden?

Te cuento un caso propio. Un regalo de cero dólares me hizo dejar una reseña. Y yo nunca dejo reseñas: si dejo, es para quejarme. Lo conté en Instagram.

Fui a Orlando a hacer el curso de customer experience de Disney y nos alojaron en un hotel que yo no hubiera elegido. Toda la semana nos atendió la misma empleada del hotel. El último día apareció con una bolsita para cada uno, con una nota adentro. Costó centavos.

Lo que me hizo recomendar no fue la bolsita. Fue todo lo que vino antes y el momento en que llegó el gesto. Por eso la pregunta no es “qué le regalo al cliente”, sino “cómo lo trato durante todo el recorrido y cuándo le pido la reseña”.

¿Cuándo pedir una reseña?

En el pico emocional, no a la salida.

En el caso del hotel, el pedido llegó al final, después de una semana de atención genuina, con la manager reconociendo a esa empleada en público. Fue un pedido explícito, en el pico emocional, y no el “llename la encuesta” cansado de la salida. Después miré el perfil del hotel: tiene miles de reseñas, y muchas nombran a esa empleada.

El error común es pedir la reseña cuando a vos te queda cómodo, no cuando el cliente está en lo más alto de su experiencia.

¿Cómo mejorar la experiencia sin gastar?

No podés invitar a cenar a 2.500 clientes. A 20 o 30, sí. Y esa es la buena noticia: los gestos que hacen que alguien te recomiende no escalan a toda tu base, y no hace falta que escalen.

Elegí a los clientes que más te importan y tratalos distinto. El gesto del hotel costó centavos; lo que lo hizo valer fue el momento. Es una forma de crecer con los clientes que ya tenés antes de salir a buscar desconocidos.

¿Qué necesita tu equipo para hacerlo?

Dos cosas tuyas: permiso y reconocimiento. Esto no lo hace un dueño solo; lo hace la persona que está cara a cara con el cliente.

Si tenés gente capaz de hacer estos gestos, necesita el permiso para hacerlos sin pedir autorización para cada detalle, y el reconocimiento cuando los hace. En el hotel se vieron las dos cosas: la empleada hizo el gesto, y su manager la reconoció en público.

El problema de la repetición 200

Hay un enemigo silencioso de todo esto, y no es la falta de ganas del equipo. Es la rutina.

Me la contaron en la formación de customer experience de Disney. Walt Disney bajó del bote de la jungla y le preguntó al timonel por qué acababa de arruinar el show. El timonel no entendía: la gente había gritado con los hipopótamos, los chicos se habían reído, todo salió bien. Pero Walt había visto otra cosa. En el momento más importante, cuando aparecen los hipopótamos, el timonel se dio vuelta y bostezó. “Para vos es la vez número 200. Para ellos es la primera.” Lo conté en Instagram.

El timonel no hacía nada mal según su propio criterio. El problema era que su criterio era el de alguien en la repetición 200. Y eso se traslada tal cual a tu negocio: “la demo que diste mil veces, el onboarding que ya te aburre, la llamada de ventas número 40 de la semana: para el que está del otro lado es la primera”. Y eso no aparece en ninguna métrica de actividad. Tu equipo puede cumplir cada paso y aun así transmitir que está en la vez 200.

Ejercicio: ¿cuál es tu bote de la jungla?

Elegí un momento repetido del recorrido del cliente —la demo, el onboarding, la llamada de ventas— y revisalo como si fuera la primera vez. Para el cliente lo es.

Mirá ese momento con los ojos de alguien que llega hoy, no con los tuyos después de haberlo hecho mil veces. Si querés seguir, tengo más guías para dueños de negocio, y lo que hago lo cuento en juanmartitegui.com.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo es el mejor momento para pedir una reseña?

En el pico emocional, no a la salida. El pedido funciona cuando el cliente está en lo más alto de su experiencia, después de una atención genuina, y no cuando ya se está yendo y le tirás una encuesta cansada.

¿Hace falta gastar para sorprender a un cliente?

No. El regalo del caso del hotel costó centavos. Lo que lo hizo valer no fue la plata, sino el momento en que llegó y la semana de atención que lo precedió.

¿Se puede hacer con todos los clientes?

No con todos. No podés invitar a cenar a 2.500 clientes; a 20 o 30, sí. Los gestos que hacen que alguien te recomiende van a los clientes que más te importan, no a toda la base.

¿Por qué mi equipo cumple y el cliente igual no se entusiasma?

Por la repetición 200. El equipo mide con su propia rutina: para él es la vez número 200, y para el cliente es la primera. Ese desajuste no aparece en ninguna métrica de actividad, aunque cada paso del proceso esté cumplido.